Subsecretaría de Cultura de AMR
El CCR propone un «martes gótico». A las 20 h, una de Jack Clayton con Débora Kerr y a las 22 h, una gran película de Ken Russell.
Horarios
Apertura boletería: 19.30 hs.
Proyección (puntual): desde las 20 hs.
A las 20 hs.: «THE INNOCENTS»
«The Innocents»
Reino Unido, 1961. 99′. Dir. Jack Clayton.
Asociación de Críticos Norteamericanos: Mejor dirección (Jack Clayton).
La arquitectura creó los escenarios; la literatura los argumentos; el cine hizo visible las atmósferas enigmáticas, los personajes sórdidos, los eventos sobrenaturales. Mientras académicos discuten si es un género, un subgénero, o elementos de estilo, el cine hace reaparecer misteriosa, periódicamente, el Gótico en notables films que sacuden la cartelera y las emociones de los espectadores. De hecho en la programación del Cine Club Rosario ‘aparecen’ esos títulos como Marama, Nadja, Abismos de pasión, Near Dark. Así que este martes 13, se invita al Doblete Gótico con dos ejemplares de alto nivel.
En The Innocents, un caballero frío y distante contrata a la joven institutriz Giddens para educar y cuidar a sus sobrinos pequeños, Flora y Miles, en una remota casa de campo en la Inglaterra victoriana. Allí también trabaja la evasiva ama de llaves, la señora Grose.
La señorita Giddens -interpretación genial de Débora Kerr— comienza a notar que los niños, aparentemente inocentes, se comportan de maneras extrañas, muy maduros para la edad que tienen. Los fantasmas de la anterior institutriz, la señorita Jessel, y del criado Peter Quint, muertos hace tiempo, parecen estar aún en la mansión y la señorita Giddens cree que esos espíritus están intentando controlar a los niños para prolongar su existencia.
Basada en la novela de Henry James «Otra vuelta de tuerca», con guión de Truman Capote, esta es una obra maestra del terror psicológico. Sin recurrir a la sangre o a los sustos inesperados, Clayton hace que el miedo filtre lentamente a través del lenguaje visual, la ambigüedad narrativa y un subtexto psicoanalítico, que dicen fue aporte de Capote.
Filmada en blanco y negro y en formato CinemaScope, Freddie Francis, legendario director de fotografía, generaba una especie de «visión tubular» paranoica para inducir al espectador en el punto de vista de la atormentada protagonista.
Clayton fue un perfeccionista del cine. Impulsor del realismo de la «Nueva Ola» británica con Room at the Top (1959), dirigió siete largometrajes y siempre mantuvo un perfil personal en su obra, especializándose en la opresión psicológica. Se describía a sí mismo como «ex católico», lo que quizá explique su sensibilidad hacia la culpa puritana y la represión sexual.
A las 22 hs.: «GOTHIC»
«Gothic»
Reino Unido, 1986. 87′. Dir. Ken Russell.
El poeta Lord Byron, su médico y amante John Polidori, el poeta Percy Shelley, su futura esposa Mary Wollstonecraft y la hermanastra Claire Clairmont, se reúnen en la Villa Diodati, a orillas del lago Ginebra en el verano de 1816. Una tormenta los encierra en la mansión. Para entretenerse Lord Byron propone un juego: cada uno escribirá la historia de terror más espeluznante.
Aislados se proponen sufrir el miedo en carne propia y aceptan los términos de la terrorífica velada de Lord Byron. Todo comienza como un ejercicio literario, consumen opio y otras sustancias alucinógenas. La noche avanza y la casa se convierte en un laberinto: pasillos que no llevan a ningún lado, espejos que devuelven reflejos distorsionados. Los miedos íntimos, obsesiones sexuales y fantasmas personales de cada uno emergen y toman forma física.
En este laberinto de espejos de parque de diversiones, brotan las semillas de Frankenstein, de M. Shelley, y El vampiro, de J. Polidori. Russell y su equipo construyen un interior de escaleras de caracol, candelabros amenazantes, caballos espectrales, cortinas que ocultan presencias. Entre el grotesco y el ensueño crea una atmósfera de terror sexualizado, inspirada directamente en La pesadilla de Henry Fuseli (1781).
La cámara movediza sigue a los personajes en sus desplazamientos erráticos para sugerir una desorientación constante, y el montaje fragmentario refleja la mente alterada de los protagonistas. El diseño y la banda sonora de Thomas Dolby son fundamentales: una música electrónica y envolvente que acentúa la sensación de viaje psicotrópico, muy en la línea estilística del irreverente Russell.




